domingo, 11 de julio de 2010

IMPORTANCIA DE LA NOMENCLATURA CIENTÍFICA.

El lenguaje de la ciencia

Por: Tomas Unger (Divulgador científico)

Mediante la etimología (del griego 'etimos'=verdad y 'logos'= palabra) conocemos el origen de las palabras y además nos ayuda a comprender su significado

Uno de los motivos por los que muchos huyen de los temas científicos son las palabras 'difíciles'. Esto ha dado lugar a que muchos textos, por no traducir las palabras científicas o técnicas, resulten difíciles de leer y sean abandonados a mitad de camino.

Un buen ejemplo es el de la mosquita de la fruta usada para experimentos genéticos por su breve tiempo de reproducción. Su nombre científico es 'Drosophila melanogaster', palabras provenientes del griego. 'Droso' es rocío y 'philo' es inclinación, preferencia o tendencia a; melano es negro y gaster es barriga. Por consiguiente 'Drosophila melanogaster' quiere decir "aficionada al rocío, con barriga negra". Usando la misma nomenclatura, una perra bóxer que tuve sería 'Ornitofila albogaster' (aficionada a comer ave, con barriga blanca).

LAS LENGUAS CLÁSICAS

Hay buenas razones por las que las ciencias emplean raíces griegas y latinas. Los primeros tratados científicos se originaron en Grecia y la terminología que utilizaron pasó a los romanos, cuyo vocabulario mantuvo muchas raíces griegas. En Europa, el latín fue la lengua universal utilizada por la Iglesia y fue el idioma en el que se hicieron los documentos, pues los pocos que sabían leer y escribir lo hacían en latín.

Hoy nos puede parecer pretencioso que un español, un inglés o un francés hayan descrito sus investigaciones científicas en latín, pero en la Edad Media y el Renacimiento este era el único idioma en el cual podían entenderse todos, que tenía un vocabulario común y una ortografía aceptada. Newton y Leibnitz, que inventaron el cálculo infinitesimal, lo describieron en latín. La primera física experimental, que se atribuye a Galileo, fue descrita en latín, como lo fue el discurso del método de Descartes y la física de Newton.

Durante la Edad Media la ciencia en Europa pasó a segundo plano ante la religión y los eruditos se dedicaron a disquisiciones teológicas más que a las ciencias naturales. El vacío lo llenaron los árabes, que tradujeron los libros griegos y llevaron las matemáticas modernas a Europa. El nombre de álgebra viene del árabe 'Al jebr' que significa "unir partes rotas". El famoso tratado de Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi "Kitab al-Jaber W'al-Muqabala" es "El libro de la reintegración y reducción" que introdujo el álgebra y los números arábicos a Europa. Hasta hoy nos queda en castellano un impuesto municipal cuyo origen está en el título del libro: la alcabala.

A los árabes también debemos 'alcohol', que viene de al-kuhul, un polvo usado por la mujeres para oscurecer los párpados (kahala = pintar), debido al proceso de destilación con que se asoció. La ciencia de la química viene de alquimia, al-kimiya, una combinación de árabe con la palabra griega 'khemioa', que al parecer viene de 'verter' (líquidos). En astronomía, los árabes, grandes navegantes del desierto, nos dejaron el nombre de muchas estrellas como Algol (al-ghul=el demonio) una estrella variable que cambia periódicamente de magnitud.

LINNEO Y LOS ALQUIMISTAS

Quien más hizo por la nomenclatura de la ciencia fue el botánico sueco Karolus Linnaeus, más conocido por Linneo, el padre de la taxonomía moderna (taxonomía del griego 'taxis'=ordenar y 'nomos'=administrar o nominar). En 1735 publicó el "Systema Naturae", el primer ordenamiento de la naturaleza en reinos, clases, órdenes y especies. Linneo usó principalmente el griego para describir los organismos, pero también el latín y hoy ambos se encuentran en la nomenclatura. Tenemos un rinoceronte (en griego, cuerno en la nariz) y un carnívoro felino (gato que come carne, en latín).

Actualmente a los nombres descriptivos se suele añadir el de su lugar de origen o del científico que lo descubrió o clasificó. Así tenemos desde el microbio de la encefalitis, el 'Tripanosoma gambiensis' (soma = cuerpo y trepano=en forma de taladro, de Gambia) hasta la chinchilla de los Andes ('Abrocoma bennetti') por el señor Bennett que la descubrió. Así se han clasificado cientos de miles de organismos, cuyo nombre generalmente consta de dos partes: la descriptiva en griego o latín, y la segunda, más específica, un sustantivo o el nombre de un lugar o persona.

Si bien los documentos científicos se escribían en latín y Linneo estableció el uso de las lenguas clásicas, algunas palabras científicas se originaron en idiomas locales. El elemento potasio (K) tiene dos orígenes. Los alquimistas lo llamaron 'pot ash', ceniza de olla en alemán e inglés. El símbolo K viene de kalium, potasio en latín. El 'saltpeter', salitre o nitrato de potasio, es "sal de piedra" en latín.

Los principales elementos conocidos en el siglo XVIII fueron bautizados por Antoine Lavoisier, considerado el padre de la química, quien publicó su "Método de nomenclatura química" en 1787. Lavoisier usó terminología griega para describir las características de los elementos, así el hidrógeno (del griego agua y generar) es el que "hace agua", el oxígeno "hace óxidos" y el nitrógeno "hace nitratos" (del griego, nitrón, cuyo origen se cree que viene de Egipto para describir el salitre).

COMPLICACIONES

Paralelamente a la nomenclatura de los organismos vivientes surgió la necesidad de describir los fenómenos físicos y biológicos, los instrumentos y las condiciones patológicas de la medicina. La nomenclatura, que se había iniciado en griego y latín, continuó usando los idiomas clásicos y desde la geometría hasta la medicina fueron ampliando su vocabulario con raíces griegas y latinas, así tenemos la trigonometría (del griego gonos=ángulo, que "mide triángulos") y la tangente (del latín tangere = tocar; la línea que toca el círculo).
Cuando se estableció el sistema métrico bajo Napoleón se acordó usar el griego para las unidades y el latín para las fracciones. Así tenemos decámetro, hectómetro y kilómetro (diez, cien y mil en griego) y tenemos el decímetro, centímetro y milímetro (décima, centésima y milésima en latín). Los instrumentos también adquirieron nombres griegos: barómetro (del griego baro = peso y metrón = medir). Tacógrafo (velocidad y escribir), es un aparato que registra la velocidad.
El crecimiento acelerado de las ciencias durante el siglo XX dio origen a muchos nuevos nombres. Desde la astronomía hasta la medicina, pasando por la biología, la geología y la antropología, vieron descubrimientos trascendentales que requirieron nuevas nomenclaturas. La física y la nueva tecnología, agotaron los nombres griegos y tuvieron que apelar a la literatura y la imaginación para bautizar las nuevas partículas subatómicas. De estos nuevos nombres, así como de los de la medicina y la biología, nos ocuparemos próximamente.

Fuente: Diario El Comercio (Perú).

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